viernes, 31 de julio de 2009

Inicios

Siempre fue mi compañero de viaje. Nunca me fallaba porque siempre estaba cuando lo necesitaba, fuera la hora que fuese y estuviera donde estuviera... No sé que se estarán imaginando, pero se trataba de mi cuaderno y un bolígrafo. Eran mis compañeros de sueños, ilusiones, desengaños... nunca me fallaban; siempre estaban allí para escuchar mis quejas o mis alegrías. Quizás tenían además la virtud de que no me podían regañar ni decirme si me estaba equivocando, pero lo cierto es que tampoco me hacia falta; el mero hecho de empezar a escribir a ese amigo imaginario al que yo acudía, era suficiente; cualquiera que fuera de mi estado de ánimo. ¿Escribía para mi; o en el fondo tenia el deseo oculto de que alguien real leyera esas lineas?

No lo sé, pero quizás siga con ese oculto deseo de que realmente ese amigo imaginario al que sigo acudiendo, a pesar de los muchos años pasados, algún día sea real. Lo que nunca pude imaginar es que cambiara mi agradable cuaderno y mi bolígrafo por un teclado de ordenador; y mucho menos la posibilidad de que el destino o la causalidad, introdujeran a un desconocido en los recobecos de mi alma.

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